Resoluciones Incumplidas

¿Alguien tiene resoluciones incumplidas durante este año? Me declaro culpable. Una vez más termina el año sin poder cumplir con algunas de las metas que me propuse.

Unas de mis resoluciones fue el perder peso: desafortunadamente no lo logré.  ¿Por qué fallamos en cumplir nuestras resoluciones? En mi caso fue la falta de seguimiento. Mi experiencia ha sido que puedo mantener las dieta y rutina de ejercicios mientras estoy bajo la supervisión de un coach de salud. Tan pronto como lo intento por mí mismo todo se desploma. No puedo lograrlo sin ayuda.

La resolución más importante en la vida debería ser mi relación con Dios. Vivimos en un mundo donde todo parece arrastrarnos en la dirección contraria. Por más que pensemos que amamos a Dios, por alguna razón terminamos haciendo algo contrario a lo que ese amor debe representar (Romanos 7:15). ¿A qué se debe esto? No podemos vivir para Dios sin ayuda.

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. – Juan 14:26

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. – Romanos 8:26

Jesús no nos dejó solos. Él sabía que necesitaríamos ayuda. El Espíritu Santo fue enviado para que viviera en nosotros, ayudándonos a vivir en la libertad que Jesús compró para nosotros con Su sacrificio.

No puedo bajar de peso sin la ayuda del coach de salud. Mucho menos puedo buscar a Dios si no me someto a la dirección del Espíritu Santo.

Dios, ayúdame a someterme a la dirección del Espíritu Santo. Ayúdame a hacer de ti la resolución más importante de mi vida.

Regalo inmerecido

¿Alguna vez ha recibido un regalo de Navidad de parte de una persona para la cual no tienes ningún regalo que darle? La alegría de recibir el regalo es opacada por el sentimiento de culpabilidad al no poder reciprocar la dádiva.

Un regalo es en realidad algo que se entrega sin esperar nada a cambio. Cuando el recipiente quiere entregar algo a cambio lo que en realidad está haciendo es cancelar el regalo, efectivamente convirtiéndolo en un intercambio.

¿Qué tal si recibes un regalo de parte de una persona a la cual has ofendido? ¡Esto sí que es una sorpresa! ¿Cómo es posible que alguien a quien trate mal me dé un regalo? Esto cae fuera de nuestro entendimiento. La Navidad es precisamente eso: un regalo inmerecido.

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. – Romanos 6:23

Sabemos que la Navidad es el regalo del nacimiento de Jesús para el mundo. Pero fácilmente perdemos de perspectiva que el hijo de Dios vino al mundo con el solo propósito de morir en nuestro lugar. Este sacrificio fue la paga del precio necesario para reconciliarnos con Dios y darnos una oportunidad para la vida eterna.

El regalo del nacimiento de Jesús (junto con su muerte y resurrección) nos pone en el lugar de la persona que recibe un regalo de parte de aquel a quien constantemente ofendemos (a Dios con nuestros pecados pasados, presentes y futuros). No hay nada que podamos ofrecer a cambio.

¿Cómo podemos responder a tal regalo? Nuestro arrepentimiento debe dirigirnos hacia algo mayor.

¡Celebra este día con un compromiso renovado a vivir una vida en agradecimiento hacia aquel que nos impresionó con su regalo inmerecido!

Maravillado

La tecnología avanza a pasos acelerados. Un área que me sorprende son los avances en los automóviles. Esta tecnología ha llegado al punto donde ya existen automóviles que se conducen por sí mismos. Son varios los sistemas envueltos y la interacción que tiene que ocurrir entre estos para que un automóvil pueda operar de acuerdo a su diseño. Son muchísimas las horas envueltas en requerimientos, especificaciones, diseño, planificación, pruebas, manufactura, etc. requeridas para lograr esto.

Por más maravillosa que sea la tecnología, esta no se compara con la creación.

Piensa en el cuerpo humano. Múltiples sistemas funcionan en armonía para que el cuerpo pueda realizar todas sus funciones. Estos trabajan en perfecta sincronización sin requerir ningún software, sistema operativo o actualizaciones. Desde el momento de la concepción el cuerpo se va desarrollando sin la necesidad de ingenieros, técnicos, programadores o gerentes de proyecto. El cuerpo tiene la inteligencia necesaria para alcanzar su propio desarrollo. Como si fuera poco, este tiene la capacidad de reparar y renovar sus propias células.

Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien. – Salmos 139:13-14

Así sea que hablemos del cuerpo, los sistemas que apoyan la vida en la tierra, las galaxias, etc., nada se asemeja a las maravillas de a la creación.

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. – Salmos 19:1

Sin embargo, todo lo creado escasea en maravilla al compararse al Dios de la creación. Dios no solo nos creó, sino que también nos da la oportunidad de redimir nuestros cuerpos mortales, ofreciéndonos, a través de la fe en Jesucristo, la recompensa de vida eterna junto a Él en un cuerpo incorruptible. ¡Simplemente maravilloso!

Son innumerables las razones para maravillarnos en el Dios de la creación.  ¡Que nuestra reacción a tal realidad nos lleve a una vida de continua obediencia y agradecimiento a Dios!

¿Dónde está fijada tu mirada?

La vida no es fácil. No importa la edad, sexo, nacionalidad, raza o nivel social los problemas nos alcanzan a todos. Enfermedad, ansiedad, depresión, la muerte de un ser querido, problemas familiares, discrimen, rechazo, difamación, desempleo, escasez o cualquier otra situación que hayas o puedas estar pasando, es fácil ser absorbido por esta de tal forma que ocupe totalmente tus pensamientos. Solo hay una cosa que ves, y esta es tu problema.

En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. – Juan 16:33

Jesús no está ajeno a nuestra situación. Él nos alertó acerca de las aflicciones que la vida traería. Jesús sabía que en este mundo lleno de corrupción los problemas no faltarían.  Pero nuestro Señor no nos dejó abandonados. Con su muerte y resurrección selló la promesa que nos hizo al decir: “pero confiad, yo he vencido al mundo”.

No sé qué problema está ocupando tu pensamiento. Pero algo si sé: si quitas la mirada de tu problema y la pones en Jesús tu aflicción será transformada en la paz que solo nuestro Señor puede dar.

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. – Filipenses 4:6-7

¿Cuánto has sido perdonado?

mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. – Lucas 7:47

Al leer sobre el encuentro que Jesús tuvo con Simón el fariseo y la mujer que le lavó sus pies con sus lágrimas (Lucas 7:36-50) es fácil entender la reacción de los involucrados.  Esta mujer, identificada solamente como pecadora, recibió la oportunidad de perdón, lo cual generó en ella un enorme sentimiento de amor y agradecimiento. Ella claramente entendió que sin la mediación del Hijo de Dios su vida de pecado le hacía merecedora del justo castigo de Dios.

La reacción de Simón fue diferente. Los fariseos eran parte del liderato religioso; los que conocían de Dios y la ley. Si de algo tenían que arrepentirse era poco en comparación con esta mujer pecadora. En su percepción no necesitaban de alguien que les salvara de su condición.  Tenían poco o nada que ser perdonado y por lo tanto amaban poco.

Solo la parte ofendida puede definir aquello que le ofende. Solamente Dios puede definir lo que requiere perdón.

por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios – Romanos 3:23

Aunque hayamos vivido sin hacerle daño a ninguna persona, no importa cuán ‘buena persona’ nos consideremos, todos hemos pecado ante Dios. Somos pecadores.

¿Es poco lo que Dios te ha tenido que perdonar? No tenemos que pecar al mismo nivel que la ‘mujer pecadora’ para ser parte del grupo al que la biblia llama ‘todos’. Tú también estas destituido.

Grande o pequeño, mucho o poco el resultado del pecado es tan grave que nos aparta de la presencia de Dios para siempre. De tal condición somos librados mediante la fe en Jesús. A eso yo le llamo haber sido perdonado mucho.

¡Oh Dios ayúdame a amarte con la misma intención y pasión de aquellos que reconocen que es mucho lo que se les ha perdonado!

Tengo el poder

Desde pequeños reflejamos un deseo innato que nos impulsa a querer ganar en cualquier actividad en que estemos envueltos. Claro está, no siempre se gana, pero la forma en que reaccionamos cuando no ganamos va modificando en la medida que maduramos (al menos eso se espera). Sin embargo, hay algo que nos es difícil dejar atrás no importa la edad: querer tener el poder. Desde cosas sencillas como quien tiene el control del remoto del televisor hasta quien lleva la voz cantante en una discusión queremos ser quien tiene el poder.

El apóstol Pedro aprendió un secreto que resulta en recibir un poder que sería la envidia reyes y grandes conquistadores.

Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón… Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. – Mateo 16:16-19

Vale aclarar que el reconocer a Jesús como Dios (reconocer que Jesús tiene todo el control sobre nuestras vidas) no nos hace dueños sino mayordomos. Este poder nos entrega las llaves del cielo, no sus escrituras. No entender esto nos puede llevar, como le sucedió a Pedro, de un elogio a una fuerte reprensión.

Comenzó Jesús a declarar … que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho … Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor… en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘Quítate de delante de mí, Satanás’; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. – Mateo 16:21-23

Tal parece que Pedro pensó que con el poder que recibió podía evitar que Jesús pasara por sufrimiento, lo cual a primera vista parece admirable. Solo había un gran problema: su razonamiento no estaba de acuerdo a la voluntad de Dios.  Solo podemos utilizar el poder para atar o desatar de acuerdo a la voluntad de Dios. De lo contrario podríamos estar tratando de utilizar el poder de acuerdo a las maquinaciones de Satanás (no mis palabras, sino las de Jesús).

Si has confesado a Jesús y le has entregado el control de tu vida, tienes el poder y la autoridad para hacer cosas que repercuten en el reino de los cielos. Solo asegúrate de no poner tu mirada en el poder sino más bien en aquel quien otorga el poder.

Necesito a Jesús

Es en mis momentos de debilidad cuando siento que más necesito a Jesús. Estos momentos me hacen recordar mi insuficiencia y de mi dependencia de Jesús, teniendo como resultado que me acerque más a él. Aunque esto se vea como una reacción normal, pienso que mi necesidad de Jesús debería ser algo que no dependa de mi estado espiritual.

Son muchas las veces que me he sentido espiritualmente fuerte porque, basado en mi entendimiento, he estado viviendo una vida agradable delante de Dios. Pero aunque esté sirviendo a Dios en espíritu y verdad nunca debo perder de perspectiva que sin Jesús sigo siendo insuficiente y que mi dependencia de él sigue siendo tan importante en mis victorias así como en mis debilidades.

Yo necesito a Jesús cuando le soy fiel a Dios, así como cuando he pecado. Le necesité cuando era un pecador no arrepentido. Le sigo necesitando cada vez que le fallo a Dios, pero le necesito igualmente cuando le soy fiel. No importa cuán pecador me sienta o cuán santo me crea siempre le necesitaré. No hay perdón sin él (Romanos 10:9). No hay justificación sin él (Romanos 5:1).  No hay quien me defienda sino él (1 Juan 2:1). No hay vida eterna sin él. Jesús es la única razón por la cual me puedo acercar a Dios sin recibir el juicio que merezco (Hebreos 4:16).

No importa cuán fiel le pueda ser a Dios, sería un tonto si pensara puedo agradarle sin Jesús. Le necesité en mi pecado. Le necesito en mi santidad. No importa mi situación, cada día de mi vida necesito a Jesús.

Redefiniendo a Jesús

Estamos viviendo en tiempos sumamente confusos. Nada está escrito en piedra. Todo es una cuestión de perspectiva. Cada cual puede definir las cosas a su manera. Aun han redefinido a Jesús, o al menos algunos piensan que pueden.

¿Puede una pistola usarse como martillo? ¿Está bien usar una segueta para reemplazar un corta uñas? Puedes intentarlo, pero las consecuencias pueden ser peligrosas. De igual manera, nunca deberíamos intentar redefinir al Jesús bíblico.

Jesús ES lo que necesito, no quien yo quiero que sea.

Él es la manifestación esencial del amor. Jesús dio su vida para rescatarnos de las consecuencias del pecado. ¿Cómo podemos permitir que el pecado regrese a nuestras vidas?

Nadie puede amar más que Jesús. ¿Por qué entonces “en nombre del amor” tratamos de definir puertas que llevan a Dios? Jesús es la puerta, la única que se abre para darnos la oportunidad de reconciliarnos con nuestro Dios.

Él es el camino, no una carretera que seguimos cuando queramos y luego olvidamos por preferir atajos. Un atajo eventualmente me llevará a perder el camino.

Él es la fuente de aguas de vida; cualquier otra fuente nos dejará insatisfechos.

Él es la vida. Rechazar sus enseñanzas nos lleva de regreso a la muerte.

¿Estas disfrutando al Jesús real o a una falsificación? Tratar de redefinir al Jesús verdadero para acomodar nuestros propios intereses es estupidez. Después de todo, un Jesús falso no nos puede salvar.

No nos toca a nosotros definir quién es Jesús. Solo somos llamados a seguirle mientras él nos dirige en el camino de la salvación.

¿Cuán importante es un título?

Los títulos son utilizados para definir cargos gubernamentales (Presidente, Jueza, alcalde), posiciones de trabajo (Director Ejecutivo, supervisora, secretario), profesiones (maestro, doctora), posiciones eclesiásticas (pastor, profeta, obispo) y aun para identificar la persona o el equipo que alcanzó el mayor logro en una competencia (campeones).

Los titulos son generalmente utilizados para definir estructura. Para la mayoría de las organizaciones los títulos son importantes porque definen cual es la responsabilidad y el poder decisional de cada persona en la organización. Un ejemplo son los tratados internacionales los cuales son firmados por los representantes de mayor importancia (aquellos con el título de Presidente o equivalente).

Muchas personas trabajan duro durante todas sus vidas para alcanzar títulos de importancia. Para otros los títulos son algo sin los cuales pueden vivir. No importa en cual grupo te encuentres hay un título que todos debemos anhelar: “hijos de Dios”.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. – Juan 1:12-13

No hay título más importante que el ser hijo(a) de Dios. Cualquier otro título que alcancemos se queda en esta tierra, sin embargo este título nos lleva a la eternidad. Para adquirir títulos es necesario trabajar arduamente y algunos no se alcanzan sin influencia o dinero. Pero el título más importante de todos lo recibimos sin trabajo, influencia o sacrificio, pues estos requisitos fueron logrados para nosotros por Jesús.

Recibe el título de hijo(a) de Dios a través de Jesús.

Márchate de nosotros

Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. Y Jesús, entrando en la barca, se volvió. – Lucas 8:37

Esta historia comienza con el encuentro de Jesús con un hombre en una terrible condición cuya sola solución era un milagro. Como es de esperarse Jesús suple la necesidad de este hombre sanándolo y dándole la oportunidad de llevar una vida normal.

Sin embargo, la gente que vio el resultado del milagro en lugar de darle gloria a Dios, le pidieron a Jesús que se fuera del lugar. Durante el proceso de liberación de este hombre, unos demonios tomaron posesión de unos cerdos e hicieron que estos se tiraran por un precipicio (v32-33). Este evento tuvo como resultado la pérdida de ingresos para el dueño de los cerdos y la pérdida de trabajo para los que cuidaban la manada.

Es posible que como creyentes nos apresuremos a juzgar a los gadarenos, pero ¿Cómo reaccionaríamos ante situaciones similares?

  • Al utilizar nuestro dinero, ¿consideramos utilizarlo para la gloria de Dios o lo ignoramos porque tenemos mejor uso para nuestro dinero?
  • Al tomar decisiones en nuestra vida ¿ignoramos buscar la voluntad de Dios en oración o nos dejamos llevar por nuestra propia ‘sabiduría’?
  • Al decidir cómo utilizar nuestro tiempo ¿le damos a Dios el tiempo que se merece o le buscamos solo si sobra tiempo?
  • Al ejercer nuestro derecho al voto ¿rechazamos los valores que nos enseña la palabra de Dios?

Como vemos, hay muchas formas en las que podemos decirle a Dios que se vaya de nuestro lado.

Dios quiere hacer su presencia permanente en nuestras vidas. Esto conlleva bendiciones, pero también estar dispuestos a permitir que Dios quite de nuestras vidas aquellas cosas que El entienda necesarias. Cuando llegue el momento de decidir ¿harás como los gadarenos o le pedirás a Dios que se quede contigo?